domingo, 8 de marzo de 2015

Para iniciar esta nueva temporada de publicaciones la redacción ha decidido darle una oportunidad a un joven valor, alguien muy conocido por la redacción, especialmente por nuestro escritor estrella Aureliano, ya que son amigos desde hace mucho tiempo, y debido a la presión ejercida por sus amenazas constantes de dejar el blog, hemos decidido publicar parte de sus trabajos, que teníamos amontonados y perdidos entre los papeles de nuestro centro de operaciones. De todos sus trabajos, ya que este joven talento es muy prolífico, hemos escogido un ensayo que realiza como parte de un curso de verano en su universidad, donde nos explica como creer en el amor como una herramienta de salvación y otras cosas que no recordamos porque nos parecieron muy utópicas, y peligrosamente inocentes, pero bueno, este ensayo se publicara por partes, debido a su extensión y porque nos parece que debe ser leído por sorbitos.........bueno aquí lo tienen




EL Amor: Herramienta de Libertad en la Sociedad Moderna





I


El transcurrir de la vida del ser humano es ínfimo en comparación al tiempo geológico y a la inmensidad del universo. Somos como una partícula de agua en medio de un inmenso océano, que por más que desaparezcamos el océano seguirá siendo océano, seguirán las mareas, las tormentas, etc. El ser conscientes de esta condición nos hace sentir frágiles y que nuestro paso por este mundo es banal. Este pensamiento es propio de nuestra época, donde la ciencia nos ha explicado todos los fenómenos naturales que suceden en la tierra, los planetas, el universo. El hombre se siente pequeño, ha perdido la inocencia de la ignorancia, ya tiene explicación para casi todo, y ese mundo que ha inventado, en vez de conectarlo más a sus semejantes lo aísla del mundo. Las relaciones interpersonales ya no se dan en el terreno físico, sino en un mundo virtual lleno de bits, donde la frase más corta, y la inmediatez nos hacen olvidar que somos seres que necesitamos compañía, que nos necesitamos el uno al otro, para construir nuestro destino. El amor, ese concepto ambiguo que se basa en dar sin esperar recibir, no tiene cabida en nuestra sociedad moderna, ya que para el amor; lo inmediato y fugaz es contraproducente. Para que el amor sea constructivo, y nos aleje de la soledad espiritual y emocional, es necesario un compromiso frente a la persona a la que deseamos dar nuestra vitalidad, es decir, nuestra totalidad, ese compromiso es como un pacto de exclusividad entre los seres que se aman, ya que solo ellos podrán entender las normas que regirán su relación, una relación basada en la confianza, el respeto, y el cariño, donde minimizar al otro, humillarlo, o utilizarlo como un objeto o cosa, no tiene cabida. El hombre busca continuamente el amor, queremos amar y ser amados, las diferentes culturas han creado historias, mitos, cosmovisiones, donde explican sus orígenes, y la mayoría se basan en el amor. Los dioses quisieron tanto al hombre que lo pusieron en la tierra, para que la “gobierne” incluso un dios griego, a pesar de que sus semejantes (otros dioses) le prohibieron entregarle el fuego a los humanos, lo hizo, porque los amaba, a pesar de que luego fue encadenado a una gran roca, donde los buitres se comerían su hígado, repitiéndose el castigo por toda la eternidad ¿El amor como sacrificio?.  El amor nos hace humanos porque cuando uno da amor sin esperar recibir crea las bases de una vida llena de crecimiento emocional y personal, ya que acepta que el compromiso de amar, a pesar de la obscura incertidumbre del futuro, le permitirá ser libre. La pequeñez del hombre frente al universo y esa idea de soledad y desamparo que  siente pueden ser superadas al aceptar que nuestro mundo emocional, subjetivo y propio, es más grande que el infinito, porque amar y dar de sí, crea lazos que no son mesurables. Podríamos decir que la idea del amor como creador de lazos y concepto que da sentido a nuestra pequeñez es lo que nos permitirá vencer la soledad en este universo tan frío y desierto.

                                                                              Carlos Alberto Vega Vidal
                                                               Febrero 2015

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